Por Christine de Vollmer.
Aquellos que aman la Iglesia y han seguido los pontificados de Pablo VI, San Juan Pablo II y Benedicto XVI con dedicación y entusiasmo, están alarmados. De repente, a pesar de muchas palabras de ‘misericordia’ y amor, pareciera que en Roma están desmontando la enseñanza católica.
¿Que está pasando? ¿Y por qué debemos mantenernos firmes, sin temor?
Si analizamos la historia reciente, vemos que la claridad y la verdad que iluminaron la segunda mitad del siglo XX, gracias a las enseñanzas de estos 3 grandes Pontífices, y que tocaron incontables millones, católicos y no católicos por igual, despertaron un amor y respeto por la Iglesia Católica Romana que había estado en latencia tras la Segunda Guerra Mundial y luego había sido severamente cuestionado en los años sesenta y setenta.
La mentalidad de la ‘generación del ‘68’ invadió la cultura occidental como una gran rebelión. La doctrina fue echada; la autoridad de los padres fue subvertida; y la tradición se volcó al revés: en lugar de representar la sabiduría acumulada por siglos, se hizo aparecer ridícula; la moralidad se convirtió en «intolerancia», «fanatismo», autolimitación inútil.
Como resultado, la década de 1980 fue testigo del comienzo de cambios sociales y legales que confundían y angustiaban a los creyentes de todas las religiones. En la Iglesia Católica, una Jerarquía educada en un tiempo anterior, mantenía apariencias de ortodoxia, pero toleró la disidencia y, para quienes éramos jóvenes en esa época, era evidente que había dos tipos de sacerdotes.
1968 fue indudablemente el punto de división: los sacerdotes y obispos fieles aceptaron la encíclica profética de Pablo VI, Humanae Vitae, aun cuando no la entendían completamente en ese momento. Por el contrario, los que se formaron en la permisividad y el relativismo de los años sesenta, lo descartaron despectivamente. La alerta del Papa Pablo VI que «el humo de Satanás se ha infiltrado en la Iglesia» fue en serio. Fue un momento muy difícil para las parejas jóvenes y para los padres que cada vez más veían a sus jóvenes adoptar una moral sexual contraceptiva.
La enseñanza “suave” en los seminarios de esos años llevó a muchos futuros sacerdotes a creer que la «autoridad» no tiene derecho a imponer normas ni moralidad; y produjo a los sacerdotes homosexuales que cometieron actos terribles de pederastia. Los esfuerzos realizados para ocultar esta vergonzosa realidad como una «enfermedad» (pedofilia) fueron desmentidos por el hecho de que la gran mayoría de los casos involucraban a muchachos adolescentes, no niños. Algunos obispos cobardes… o peor, protegieron a esos sacerdotes, como sabemos.
¿Por qué fue tolerado esto?
Fue tolerado porque la generación de los años sesenta y setenta, entonces en posiciones de autoridad, se oponía a la «imposición» de la moral o la disciplina. Era permisiva por convicción.
La sorprendente y cautivadora llegada en escena de Karol Wojtyla, San Juan Pablo II, con su convincente explicación del Evangelio para nuestro tiempo y su verdadero ‘aggiornamento’ de las verdades inmutables sobre el Hombre y la Mujer, fue desestabilizadora para estos hijos de los años sesenta. Pero apasionó y estimuló a la siguiente generación: fieles sacerdotes, religiosos y laicos en todas partes.
Juan Pablo llegó con la experiencia de la guerra, del nazismo, del comunismo y de la maldad de todo tipo. Pero conocía la lógica del Evangelio y la Buena Nueva sobre la persona humana y la Salvación. Además, su conocimiento había sido perfeccionado entre muchachos y parejas jóvenes, entre los que sufrían, los héroes y los laicos comunes. Electrificó al mundo con explicaciones inspiradoras de cómo debemos vivir. No trajo soluciones fáciles, sino de felicidad. Él nos dio explicaciones comprensibles de quiénes somos y cómo debemos vivir el mensaje del Evangelio en nuestros días.
Cuando Benedicto XVI sucedió a Juan Pablo II, volvió su atención al vicio que se había infiltrado en los niveles superiores de la Iglesia. Él disciplinó y exilió al Padre Marcial Maciel e inició una investigación sobre los rumores generalizados de homosexualidad e irregularidades financieras dentro de la Curia. No conocemos el contenido del informe que se produjo, pero sí sabemos que causó gran alarma en algunos altos círculos de Roma, que armaron su estrategia.
Es verdad que los tres decenios de brillante evangelización mundial de los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI tuvieron gran éxito entre los laicos y toda una nueva generación de sacerdotes dispuestos y capaces de enseñar la verdadera fe católica y la moral.
Pero también es verdad que muchos entre los de la generación anterior no estaban contentos de ver la convicción y la firmeza en la fe floreciendo con tanta energía. Un número de obispos y cardenales en el mundo desarrollado se sintieron bastante incómodos al ver que sus maneras fáciles y permisivas chocaban con este nuevo vigor.
Recién se sabe que algunos de estos viejos prelados, ahora muy poderosos, decidieron «salvar» a la Iglesia de lo que evidentemente consideraban enseñanzas anticuadas y «rígidas».
Se nos dice que fundaron el «St. Gallen Club,» o “mafia» con el fin de establecer una estrategia para torcer la Barca de Pedro hacia un rumbo diferente. Aprovechando la tolerancia de los Papas, que nunca los humillaron por su laxitud doctrinal, este club de St. Gallen tuvo éxito en la promoción de un candidato para Papa y Jorge Bergoglio fue elegido.
La generación de la década de 1970 está ahora en el poder en la Iglesia. En los negocios y la política, esa generación está por lo general retirada. Muchos fueron hundidos por las tragedias de drogas y sexo que destruyeron a sus propios hijos. Pero en la Iglesia, muchos de los formados en el relativismo y la permisividad todavía están allí – y ahora son poderosos.
El desvergonzado mural homoerótico encargado por el Obispo Vincenzo Paglia para su catedral de Terni no impidió que se le pusiera a cargo, para cambiar radicalmente, las secciones del Vaticano pertenecientes a la Vida y la Familia: el Consejo Pontificio para la Familia, la Pontificia Academia para la Vida y los Institutos de Estudios de la Familia Juan Pablo II.
El arzobispo Paglia (que seguramente pronto será Cardenal) también publicó un programa de «Educación Sexual», en cinco idiomas para el Vaticano, que contradice importantes principios de la enseñanza de la Iglesia sobre la educación sexual.
Y así vemos una gran división hoy en la Iglesia. Las filas de los católicos practicantes están más motivadas que nunca a vivir y enseñar la inspiradora doctrina social y moral católica. Pero ven que los prelados formados en la permisividad y el relativismo son promovidos.
Incluso los escándalos que involucran drogas y sexo dentro del Vaticano no parecen retrasar la enérgica transformación e inversión de los cánones tradicionales de moralidad y género, tan lucidamente confirmadas por nuestros recientes grandes Papas.
Nos dirigimos hacia aguas muy difíciles y no debemos desalentarnos ni perder fe. Nuestro Señor está vivo y debemos ser fieles a Él y a Su enseñanza durante este tiempo de prueba. Los jóvenes sacerdotes y laicos, y los muchos movimientos fieles, deben mantenerse firmemente a la Verdad, unidos en la oración y en la acción hasta que esta tormenta se calme.
¡Jesús, en Ti confío!