Discurso de la Sra. Christine durante el acto de otorgamiento del Honoris Causa

May 6, 2026 | Artículos

Colegio los Arcos
Honoris Causa
6 de Mayo, 

Buenos días.

Es muy difícil expresar mi agradecimiento por el gran honor que la Universidad MonteAvila me está otorgando, y por lo que representa para Aprendiendo a Querer.  Esa obra, una obra de amor, hoy se ve elevada y avalada por el reconocimiento que le brinda esta maravillosa casa de estudios.  

Así es que es inmensa mi gratitud a su Rector Dr. Guillermo Fariñas Contreras, a su Vice Rectora Académica, Profesora Carolina Amaya de Escobar, al Vicerrector Administrativo, Profesor Orlando Pérez Caldera y al Consejo Superior, en su Presidente, Dr. Carlos Garcia Soto.  

Además, quisiera decir que me da un especial placer compartir esta ocasión con mi respetado amigo el Dr. Rafael Tomas Caldera.

Esta Universidad MonteAvila, que siempre me ha impresionado con el alto nivel de sus educadores, no solo de su nivel académico, sino de su ortodoxia, de su visión y de su dedicación, será en este momento histórico, una luz para el país que ha de reconstruirse.   

De hecho, estamos aquí reunidos en un momento extraordinario de nuestra historia.  Un momento inesperado para repensar nuestro futuro, nuestro propósito como país, y como podemos aplicar y poner en alto nuestros valores como personas, como familias y como venezolanos, para no repetir los errores del pasado y abrir un futuro organizado sobre firmes valores para nuestra juventud.

La Divina Providencia ha tenido  misericordia de Venezuela, y nos ha dado una nueva oportunidad, para ver si logramos, esta vez sí, tener éxito al intentar desarrollar la naturaleza tan generosa, y la población tan talentosa como ha dispuesto en esta tierra.  Esta vez esperamos hacerlo con más conciencia del esfuerzo y dedicación que requiere, frente a las complicaciones que enfrenta el mundo moderno, y las de la misma naturaleza humana.

La civilización cristiana que nació hace 2000 años en un mundo de crueldad, esclavitud y guerras, creció con una rapidez y fecundidad fenomenal, llegando a gran parte del mundo y produciendo una abundancia de belleza espiritual, cultural y artística, y generando conceptos humanitarios, legales y jurídicos nuevos para la humanidad.

Esta progresión se vio frenada en el siglo 20 por una tendencia a olvidar a Dios y Sus Leyes. Como sabemos, costumbres diametralmente contrarias a Dios van aceptándose en nuestro tiempo: el aborto, la pornografía, el homosexualismo, el vicio, y la fealdad, con la consecuente degradación de la cultura de familia, de la vida, incluso del concepto mismo del género humano.

A pesar de, o tal vez gracias a, las enormes dificultades de los últimos 25 años, Venezuela parece que se ha escapado hasta ahora de muchos de los vicios que afligen a Europa, como la falta de hijos, de vocaciones, y de visión de futuro.  Pero tenemos otros desafíos muy grandes como país. Estos podrían ser la falta de instrucción, la tolerancia por la corrupción y una tendencia a querer imitar el materialismo de otras culturas.

Creo que Venezuela tiene la oportunidad, y la obligación, de ser líder en América, tal vez en el mundo, para remontar la cuesta de la dignificación de la persona humana, y la restitución de la familia, creada por Dios como Padre, Madre e Hijos, comunidad de amor y de transmisión de virtud y gracia, en Su Imagen.

Ninguna empresa, ninguna familia, ninguna persona, puede prosperar sin conocer y apegarse a sólidos valores que les sirven de columna vertebral para su organización.  Es ahora una oportunidad única para reexaminar quienes somos como país y reorganizarnos cívicamente entorno a los sólidos valores que hacen fuerte a una nación.  

El sueño y pasión de nuestro equipo ha sido ayudar a niños, niñas y adolescentes de todas las clases socio-económicas y de todas las partes de Venezuela, a lograr desarrollar el impulso divino, con el cual nacen, a ser virtuosos, nobles, generosos y abnegados. A no dejarse engañar por la vulgaridad, el egoísmo y el desenfreno de las costumbres y licencias del mundo moderno. Agradezco infinitamente el reconocimiento que hace la Universidad hoy al esfuerzo que se ha hecho con el título de Aprendiendo a Querer por llevar esta visión a los lindos y talentosos niños y jóvenes de Venezuela.

El ser humano, tal como Dios lo hizo, está diseñado para ser feliz cuando cumple con el plan de Dios. Es feliz cuando ama y cuando es amado. Como el gran neurólogo y psiquiatra Viktor Frankl pudo explicar clínicamente, y la neurociencia va comprobando cerebralmente, la persona humana, para vivir en plenitud y felicidad, requiere de 2 cosas como base: la seguridad, y un sentido, o propósito, para el cual vivir. 

La seguridad se fundamenta, desde que nacemos, en ser amado, algo que se da naturalmente en el amor materno y paterno, y perdura en la persona que vive el amor al prójimo.  

El sentido para la vida, según Frankl, también tiene que ver con el amor.   Frankl explicó, neurológicamente, y en palabras muy humanas, el mensaje del Evangelio: es en el don de sí que podemos estar felices y sentir que nuestra vida vale, y tiene un sentido.  El don de si, la ‘autotrascendencia’, que él consideraba la esencia misma de la existencia humana, requiere de las virtudes, y estas son universales. El olvidarse de sí mismo para entregarse a los demás, o a una causa, dejando de lado su interés personal, produce como premio, la felicidad.  Esto es neurológico.  Las virtudes son admiradas y anheladas naturalmente por todos: la valentía, la generosidad, la lealtad, el respeto, la veracidad, la responsabilidad, y otras más, son reconocidas por todos como lo ideal, y como la base de cualquier comunidad feliz.

Aprendidas con naturalidad, como nos propone la antropología más sencilla, las virtudes tienen mucho sentido, y neutralizan las tendencias ajenas a ellas, como el egoísmo, el favoritismo y la trampa, con la aplicación de la simple Regla de Oro que conocemos como “Trata a los demás como quieres que te traten”.  Aprendiendo a Querer, y su adaptación castrense, Vida Plena: Virtud y Honor, son nuestro humilde ofrecimiento hacia una educación de la persona integrada e integral, que ojalá permee todos los niveles del saber nacional. 

Este reconocimiento que nos da la Universidad MonteAvila hoy, le da innegable impulso, y por eso les doy mi más sinceras gracias.