Por Christine de Marcellus de Vollmer.
En los muchos años que tenemos en esta lucha por la vida, se nos ha hecho evidente que la base del problema que azota a la humanidad…la destrucción de niños y niñas inocentes…está la creciente falta de pureza, por no decir una impureza galopante. Los católicos invocamos a María, en su pureza total, para que nos ayude a curar el mundo de la impureza que es promovido por industrias, por malas intenciones, por el mal gusto, las perversiones y a veces hasta por gente bien intencionada.
Maria, nuestra Madre, nos muestra que el amor existe donde hay pureza. La pureza abre el corazón y permite el amor. Permite el amor a Dios, el amor de los niños y el amor de esposos. Esto no es solo teología: es también ciencia social. Las estadísticas nos demuestran sin lugar a duda que en las parejas donde hay más impureza…más uso de pornografía, mayor uso de anticonceptivos; donde la mujer es utilizada, o se deja utilizar, como objeto sexual, de lujuria, ahí hay el número más grande de divorcios, abandonos, abortos y neurosis sexuales.
La impureza es el enemigo No. 1 del Amor y de la Felicidad en la familia. Si buscamos más lejos en las estadísticas, ahora tan bien recogidas y bien ordenadas, como ahora nos permite el software tan maravilloso, vemos que de la infelicidad de las familias, o de la falta de familia, es que salen los grandes males de la sociedad.
Las estadísticas también nos enseñan que los jóvenes, que no se forman en la pureza caen, por miles, en embarazos inconvenientes, en abortos, tragedias sentimentales, en drogas y en las enfermedades de transmisión sexual. Dios creó a la humanidad para la pureza y el amor comprometido, el amor entregado, y solo el corazón puro puede entregarse entero. Donde la pureza falta, todo empieza a deshilacharse.
¿Como prevenir todas estas tragedias, que llevan al aborto, la eutanasia, y demás miserias de nuestro tiempo? Tenemos que enseñar la pureza! Muchos me dirán que esa es una batalla perdida…. Pero para Dios y para Maria no hay batallas perdidas. La Verdad y el ‘sistema’ con el cual Dios ha creado al mundo y a la humanidad, encierran siempre el volver a El cuando nos hemos alejado demasiado.
En 1984 como institución hicimos una planificación estratégica (la de Stanford Research Institute), donde analizamos en profundidad nuestros problemas sociales, todos centrados en la falta de familia y la falta de respeto a la vida, buscando la mejor forma de ‘prevención.’ Al final de esas semanas de análisis sistemático, donde miramos todos los lados del problema de la creciente aceptación del aborto, llegamos a la conclusión que el enemigo de la vida mas temible que habíamos de combatir era la “educación sexual”.
El vector mas evidente de esta perdida de pureza y de moral que minaba el respeto de la vida era, sin duda, la llamada ‘educación sexual’ enfocada en la genitalidad y las relaciones físicas de la pareja. Las incursiones de la supuesta “educación sexual” empezaron en los años ’40 y lograron con constancia y argumentos pseudo-científicas a ir convenciendo incluso a gente pensante y a muchos católicos que esta ‘educación’ genital era una necesidad. Ayudado por una nueva moda en películas y luego las telenovelas, la confusión entre ‘sexo’ y ‘amor’ llegó a ser completa.
El entender que teníamos que rescatar el AMOR de su identificación con el SEXO, y relanzar la idea de la pureza, parecía una llamada a una lucha más allá de nuestras fuerzas! La industria de la anticoncepción y antibióticos invierte incontables millones en la promoción de la genitalidad a través de esta supuesta “educación” sexual.
Los encuentros que tuve la suerte de tener con la Madre Teresa de Calcuta me aclaraban cada vez mas que la ruta era esa: promover la pureza, tan querida por María y tan pedida por esa gran santa de nuestro tiempo.
Analizando y rezando para saber como comenzar esta tarea ciertamente querido por Dios, se nos hacia evidente que la solución era por las virtudes. Pero había que hacerlo de forma que los niños y jóvenes de hoy pudieran entender y ambicionar estas virtudes.
Las virtudes no son aisladas, sino que todas están unidas en una malla lógica e integral y al centro de esa malla, de esa lógica, está la pureza.
Por tanto, nuestra meta tenía que ser preparar un programa para el uso de escuelas, colegios, parroquias u otros, que pudiera acercar de manera convincente a los muchachos y muchachas el entendimiento, lo atractivo y la vivencia de las virtudes.
Las virtudes, la pureza, no son tan difíciles de enseñar como tendemos a creer. De hecho estas están escritas en nuestros corazones como seres humanos, imágenes de nuestro Creador. Como padres vemos la pureza de nuestros hijos y nos conmueve. El medio ambiente luego los confunde con formulas y clichés que llaman a los instintos mas sensuales y materialistas, haciendo parecer que la felicidad está en lo sensual y el amor se encuentra en el sexo.
Que Dios inspire a otros a entender que la vía no es tratar de enseñar la genitalidad confundida con el amar, sino de enseñar las virtudes cristianas de manera eficaz, para satisfacer el anhelo de amor entregado, fruto de la pureza, que tiene cada persona, subconscientemente.
Compañeros en esta lucha a favor de los mas débiles: sigamos la lucha por salvar bebes y sus madres del crimen del aborto, pero luchemos también a favor de la virtud. El terreno es fértil en América Latina, como dijo una de los docentes en una escuela muy humilde del litoral de Venezuela, ilustrando lo mucho que dar este curso la había ayudado ‘en lo personal’: “es que todos tenemos valores, pero no los sabemos vivir”. Demos una oportunidad a la juventud, sobretodo la juventud menos favorecida, de aprender cómo ser puros, virtuosos, hijos de Maria. Que agreguen a su fe el conocimiento y la práctica… en su realidad, de las virtudes.