Por Christine de Vollmer.
Rescatar una juventud en riesgo! Tal vez lo más desconcertante de nuestros tiempos es justamente la situación de la juventud. Tantos reportajes en los medios, tantos los estudios de variadas instituciones, a cada rato nos traen noticias inquietantes acerca de la enorme cantidad de jóvenes que caen víctimas de la droga, que contraen Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) incurables y que se van con las ‘maras’ y bandas de delincuentes en los barrios urbanos de prácticamente todos los países. Estos problemas no están limitados a las cinturas de pobreza, tampoco. En entornos de clase media y adinerados comprobamos que existe una patología también: jóvenes sin rumbo, y muchas veces sin principios que los puedan guiar en la vida. Un fenómeno que se comenta mucho es que los hijos, en vez de respetar y obedecer sus padres, exigen respeto y obediencia a sus progenitores!
Por otro lado se hace cada día más obvio que el desarrollo de las naciones no se mantiene al ritmo del crecimiento de sus poblaciones. A pesar de los esfuerzos de muchos gobiernos y fundaciones privadas, y del empeño de cada persona en su propia vida personal, podemos ver, si somos realistas, que hay indicios de que la pobreza y la miseria humana crece más rápidamente que las respuestas a esos problemas. Durante la mayor parte de la historia de la humanidad ha habido, en general, un desarrollo que crecía más o menos al ritmo del crecimiento de la humanidad. Mejoras en salud, en justicia, en comodidades y en formas de gobierno se han ido produciendo— a veces erráticamente, es verdad— a medida que el planeta se ha ido poblando. Es un hecho conocido que donde hay poca población, no se logra un gran desarrollo de productos y servicios, y que son las aglomeraciones cada vez mayores a través de la historia que han producido los grandes avances. Esto es por supuesto una generalización y una simplificación. Pero el principio vale: donde los seres humanos ponen en común sus necesidades y su inventiva, ahí aumentan la innovación, el ingenio y la comodidad.
Sin embargo, lo que hemos visto en los últimos 50 años es un aumento de las poblaciones y un atraso en la condición humana. El éxodo del mundo agrario hacia el mundo urbano es a la base de este fenómeno. Y sabemos que tampoco se han tomado las decisiones ni las políticas adecuadas para hacer esta transición en forma correcta. No les voy a cansar con una lista de los males que aquejan todos los países de América Latina, y prácticamente cada gran ciudad en el mundo desarrollado. Pero estos males, que Ustedes bien conocen, vienen a tener una causa común, y esa causa está, afortunadamente, ahora bien analizada.
Cuando se conoce la causa, más fácil es encontrar el remedio. Todo está en el diagnostico.
Ese diagnostico lo debemos a un gran economista y a otras personas dedicadas al área del desarrollo en América Latina, personas que admiro enormemente por su capacidad de ver la realidad, y de plasmar sus conocimientos de manera convincente. Uno es el Premio Nobel Gary Becker, quien logró ordenar y analizar— en una forma disociada de ideas preconcebidas— el factor más importante para la riqueza y el bienestar de una nación. Su conclusión fue que ese factor es algo que él llamó el Capital Humano. El Capital Humano, según Becker, consiste en el numero de personas en un país que están dotadas de ciertos valores como son la honestidad, la veracidad, la confiabilidad, la laboriosidad, la justicia y la solidaridad, entre otros. Estos, según el, son infundidos muy joven, y al lado de la madre. Este análisis irrefutable sobre la importancia de la virtud para que pudiera existir una sociedad justa, solidaria y desarrollada, le ganó el Premio Nobel en Economía en 1994. Estuve presente unos años más tarde cuando Becker, un judío, luego de una conferencia sobre la Doctrina Social de la Iglesia, declaró que había sido para él una revelación descubrir que las conclusiones de sus estudios de 30 años llegaban a ser iguales a lo que la Iglesia Católica tenía siglos enseñando.
Otra persona de gran importancia, el argentino Bernardo Kliksberg, quien trabajó muchos años en el Banco Mundial y en el Banco Internacional de Desarrollo y que tenemos el honor de oír en este Congreso, llegó a una conclusión similar, por otras vías. En sus muchos años impulsando el desarrollo, llegó a la conclusión que lo que realmente hace posible el desarrollo, es la capacidad de las personas en una colectividad de colaborar, de cooperar, por tanto de confiar unos en otros. Esta colaboración y confianza, que suscita además la inversión económica y personal, no puede existir a menos que en la colectividad se vivan los valores de honestidad, veracidad, responsabilidad, laboriosidad, justicia, solidaridad, etc. Kliksberg ha llamado esto Capital Social.
Otro sabio es el Profesor Lawrence Harrison, quien fuera durante 30 años representante en América Latina de USAID, la Agencia Internacional de Desarrollo de Estados Unidos. Su conclusión, luego de tantos años, tantos millones de dólares distribuidos, y tanta frustración, es sencilla: “No puede haber desarrollo sin educación en valores.”
Estamos congregados en este gran congreso para reunir evidencias que pueden dar luces sobre los grandes interrogantes de vida, población y desarrollo. Y en este espacio nos piden considerar esa enorme masa de juventud en riesgo por todo nuestro continente, y pensar qué debemos o podemos hacer para formarlos en los valores que son imprescindibles para una vida digna, y un futuro que pueda garantizar la continuación de nuestra civilización. Es una tarea grande, y grave. La juventud es el futuro, y las tendencias indican que la carrera para salvarla se está perdiendo a medida que cada cohorte que nace tiene menos condiciones satisfactorias que el anterior. Además, hay un descenso marcado en la natalidad, sobretodo entre las familias que pueden dar educación e instrucción a sus hijos. Estos, al llegar a la adultez, se verán sumergidos por los que no han tenido esa escuela, y han conocido tan solo la escuela de la calle y de las maras. El futuro que se perfila y que está anunciada para los que quieren leer las señas claras, es muy alarmante.
Sin querer sonar alarmista, pienso que no está muy claro tampoco que los jóvenes que sí tienen educación y formación estarán preparados para el desafío que tendrán de frente en 20 años, cuando el problema “madure” y todo se complique con una enorme población sin valores y criados en la violencia.
Es evidente que tenemos que empezar desde ahora a buscar la manera de enseñar valores efectiva y masivamente. No creo que es el caso de limitarnos a enseñar la moral a los adolescentes, ni la religión a los niños. Si no tienen una base firme en los valores primordiales, como son el realismo, la objetividad y la lógica, no tendrán ni la disciplina para perseverar, ni un concepto claro de la realidad, porque no habrán captado bien la relación entre causa y efecto. Un drama de nuestro tiempo, en todos los niveles de la sociedad es la aceptación de la trampa en los estudios. Esta aceptación lleva naturalmente a la trampa en los negocios, en el sistema judicial, y en la política. Otro drama, más sorprendente, es que ni la mejor enseñanza religiosa parece entrarles. Vemos como tantos jóvenes educados en colegios Católicos abandonan la practica religiosa al abandonar la escuela.
Esto sucede porque no tienen una base de lógica, ni una vivencia de valores comunes, ni un realismo bien fundado, sobre el cual construir lo que aprendieron. Un gran culpable es la falta de padre en muchas esferas. El otro gran culpable es el facilismo, que junto con la Televisión restan a los muchachos las verdades que en tiempos anteriores enseñaban el realismo.
Es cuestión de empezar desde cero, a demostrar la lógica de los valores en la vida real y a demostrarla en una forma que puedan comprender. Para esto se necesitan conceptos claros, expresados en forma amigable. Hay que empezar con los niños de 6 años y seguir con empeño durante todos los años de la escolaridad. Será efectivo solo en la medida que les cae simpático. Haría falta entrenar miles de docentes, y convencer a los gobiernos y las agencias de desarrollo que esta meta es importante, que es vital y que es posible.
Viendo esta exigencia tan imperiosa desde la perspectiva de nuestro trabajo en barrios, con toda clase de problemas sociales, nos lanzamos hace 15 anos a desarrollar un programa—muy ambicioso!—que pudiera cubrir estas necesidades. Primeramente este programa consiste en un texto por año, desde los 6 años hasta los 18. Cada texto tiene 35 lecciones, una hora semanal durante todo el año escolar. Estos textos relatan una historia donde niños y niñas de todo nivel se pueden reconocer. Los protagonistas de estos libros van a la escuela, quieren tener amigos, jugar y llegar a destacarse en su equipo. Son niños que tienen situaciones en clase y en el deporte como todo muchacho, y que ilustran las realidades de la vivencia, o no, de los valores. Nuestros textos utilizan como base los deportes. Los valores del buen atleta, el jugar limpio, y el llegar a la meta, son evidentemente el apego a las reglas, el respetar el jefe de equipo. Y más allá son la perseverancia, la solidaridad, la responsabilidad. La humildad, esa virtud de ver y corregir sus fallas y flaquezas, como también responder generosamente por sus talentos, tiene un puesto de importancia en estos textos, asociada a la valentía de encarar las realidades de uno mismo y su actuación.
En años sucesivos esta historia sencilla se desarrolla haciendo hincapié en el compartir y la solidaridad; la diversidad y la complementariedad de talentos, personalidades y de los sexos. Los valores y las virtudes del deporte reaparecen en cada situación: familiar, escolar y comunitaria, mostrando sus diversas facetas. Luego para los pre-adolescentes se concentra en todos los valores de la amistad, donde se vuelve a ver los valores a la luz de su vivencia cuando ya no son tan chicos. Los textos para adolescentes tienen historias un poco más desarrolladas, donde las emociones y actitudes han de cambiar, pero donde los valores y virtudes que han ido aprendiendo a entender tienen una gran importancia para una coherencia de sus vidas. Se hace énfasis en el hecho que la libertad y la independencia siguen lógicamente a la responsabilidad y la solidez que muestran en sus acciones. Los últimos 5 textos examinen en profundidad los fundamentos del amor verdadero, contrastado con el simple enamoramiento, las dependencias y el romance.
La base psicológica que hemos utilizado para nuestra pedagogía es de los niveles de la persona humana: cuerpo, psicología (emociones) y espíritu (inteligencia y voluntad). Cada lección está concebida para tocar cada uno de los niveles: el entendimiento, las emociones y la acción. Los objetivos de cada una son para dar conocimiento, lograr la aceptación emocional y suplir modos prácticos de actuar según lo aprendido.
Esto es lo que Thomas Likona, un gran pionero en el área de los valores, y un colaborador de nuestro programa, llama “cabeza, corazón y mano”.
Cada texto del alumno tiene su correspondiente texto para el docente, donde la clase es efectivamente preparada, con mucha flexibilidad, pero con todo lo necesario para llevar la clase. No hace falta buscar más.
Estamos ofreciendo también en cada país donde se utiliza nuestro programa, cursos para docentes, utilizando un método de cascada, para así poder multiplicar al máximo el esfuerzo, llegar al máximo número de docentes al menor costo local. Los cursos son muy bien recibidos.
Algunos seguramente conocen este programa, que se llama Aprendiendo a Querer, ya que en esta misma Universidad se dictó un curso de Diplomado donde se dio como ejemplo de docencia en valores y en sexualidad.
Pareciera quijotesco tratar de llegar a todos los muchachos de América, pero es nuestra meta. Hasta ahora estamos en casi todos los países, y el uso esta creciendo rápidamente. Desde este año la Fundación Templeton y la Agencia Internacional de Desarrollo (USAID) conjuntamente, están apoyando el seguimiento y evaluación durante 3 años de 13.000 alumnos en México, Perú y Venezuela. Los resultados serán interesantes. Hemos visto que alumnos que cursan 1 solo año muestran cambios importantes de actitud en un 40 %.
Existen iniciativas maravillosas para rescatar una juventud en problemas. Hemos oído y aplaudido en esta sala algunas de ellas. Nuestra intención es adelantarnos y tratar de prevenir muchas de estas tragedias. Queremos llevar, poco a poco, la próxima generación hacia el conocimiento de los valores y la feliz practica de esas virtudes que les pueden proveer vidas felices, prosperas y solidarias.
Queremos ofrecer una alternativa sana y eficaz a aquellos programas de “Educación Sexual” que son explícitos y obscenos. Estos se han comprobado tener el efecto contrario a lo que se busca: alientan la experimentación sexual, incitan a la promiscuidad y han sido la causa de una verdadera epidemia de embarazos precoces y de ETS—-muchos incurables y algunos mortales.
Promocionada por los fabricantes de los anticonceptivos que promueven aquellos textos, la actividad sexual prematura e irresponsable está arruinando las vidas de muchas jóvenes.
La mentira del sueño de amor que prometen y el “Derecho” a la actividad que aducen, solo beneficia a los fabricantes de las medicinas a las cuales tienen luego que recurrir.
Ha sido un experimento fallido en el mundo entero. Ojalá que América Latina—liderada por Colombia—pueda dar a su bella juventud valores sólidos, valores que universal e históricamente han generado bienestar y felicidad.